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viernes, 17 de septiembre de 2010

El Doble Discurso de Barack Hussein Obama cuando de Israel se trata


En conferencias de prensa y declaraciones formales Barack Hussein Obama y sus acólitos siempre dicen que Israel es su principal aliado en el Medio Oriente y destacan la “relación especial” existente con el Estado Hebreo, pero cuando se trata de concretar esas afirmaciones como, por ejemplo, sucede en el escandaloso por sus integrantes, Consejo de Derechos Humanos de la ONU, los Estados Unidos de la administración Obama siempre se muestran en contra de Israel por lo que no se diferencian en nada de nuestros más enconados enemigos allí representados.

Así, el miércoles en Ginebra durante el actual período de sesiones del Consejo de Derechos Humanos, la administración Obama fue uno de los decisivos participantes en la imposición de una prohibición a la participación del Estado de Israel, sólo similar con anterioridad a la impuesta a los representantes de la Suráfrica del apartheid. Cuando, y a pesar de las innumerables advertencias, los Estados Unidos se unieron al Consejo en la que fue una de las primeras decisiones del presidente Obama en política exterior, la administración dijo que al unirse al Consejo, los Estados Unidos no devendrían parte del problema, sin embargo eso es lo que ha venido sucediendo desde entonces, de ahí que la Embajadora de los Estados Unidos ante el Consejo Eileen Donahoe eligiera precisamente asistir y participar plenamente en una reunión que deliberadamente excluye la asistencia de algún representante de Israel.

Como sabemos, Israel es el único estado de la ONU al que no se le permite ser integrante con pleno derecho en ninguno de los cinco grupos regionales de las Naciones Unidas. Durante las sesiones del Consejo de Derechos Humanos, estos grupos celebran reuniones clave de planificación en las que los países negocian y comparten información importante a puertas cerradas. Hasta a la llamada Autoridad Palestina, que no es un estado miembro, se le permite participar en el grupo regional de Asia. A los israelíes se les permite participar en el Grupo de Europa Occidental y Otros en algunas dependencias de las Naciones Unidas, pero los miembros de este grupo han optado por excluirlos totalmente en todas sus reuniones relacionadas con el Consejo de Derechos Humanos.

¿Cuál sería la posición correcta, digna y decente de cualquier país ante semejante discriminación con un aliado tan cercano?

Simplemente negarse a participar hasta que se abandonara esa vergonzosa y escandalosa política de discriminación. Sin embargo la administración de Barack Hussein Obama, no sólo no protestó sino que entró por la misma puerta de entrada por la que se le prohíbe el paso a su “principal aliado en el Medio Oriente” y la única democracia verdadera en la región. Resulta verdaderamente indignante que mientras a los israelíes se les prohíbe su participación como miembros de pleno derecho de las Naciones Unidas en las reuniones de los grupos regionales del Consejo, por primera vez esta semana Libia ocupó su puesto como miembro del Consejo con derecho a voto. Otros miembros con derecho de voto en el órgano de derechos humanos de la ONU incluyen a países “modelos de democracia y de respeto a los derechos humanos de sus ciudadanos” como Cuba, Arabia Saudita, China, Rusia y Kirguistán, por citar sólo a algunos entre los más destacados.

Cuando Barack Hussein Obama decidió la participación de los Estados Unidos en el Consejo de Derechos Humanos, era notorio y lo sigue siendo hasta hoy, que la entelequia dominada por los dictadores y regímenes autoritarios de todo el mundo ha adoptado más resoluciones y decisiones que condenan al Estado de Israel que todas las dirigidas al resto de los 191 países integrantes de la ONU combinados. Sabía bien el Tartufo entonces y lo sigue sabiendo hoy, que la agenda formal permanente del organismo Consejo incluye un artículo específico, único y singular para condenar a Israel y otro para el resto del mundo. Pero a pesar de ello, en lugar de negarse a dar legitimidad a un organismo con una tendencia antiisraelí tan profundamente arraigada, Obama optó por comer del mismo plato que los mayores violadores de los derechos humanos del mundo y lo que es peor, utilizar el dinero de los contribuyentes norteamericanos, mientras proclamaba que Él, siempre Él, siempre “Yo”, sería el Gran Reformador del Consejo. ¡Qué cinismo!

Esta misma semana, la embajadora Donahoe publicó un artículo en The New York Times, en el que repitió la cantaleta Obámica de que la presencia de los Estados Unidos en el Consejo llena “un vacío de liderazgo” y que “el consejo está involucrado en un ejercicio serio de autoreflexión con el fin de mejorar su trabajo y el funcionamiento con respecto a su mandato básico de protección de los derechos humanos”. Paradójicamente, el mismo día en que se publicaba el artículo de la embajadora, los 57 miembros de la Organización de la Conferencia Islámica (OCI) desmintieron la afirmación de posible reforma de la entelequia antiisraelí, ya que la OCI es quien detenta el equilibrio de poder en el Consejo, ya que la mayoría de sus integrantes está compuesta por miembros de los grupos regionales de África y Asia, y los países de la OCI constituyen la mayoría en los grupos africano y asiático.

Hablando el lunes a nombre de la OCI, Pakistán declaraba: “la OCI siempre ha subrayado que este (la función del Consejo) no es un ejercicio de ‘reforma’. Es nuestra opinión, que este proceso intergubernamental no debe reabrir el paquete institucional (de junio de 2007 que rige las actividades del Consejo y que adoptó la agenda de singularizar a Israel). El Consejo tiene el mandato de nada más, reajustar detalles mínimos cuando ello sea necesario”.

El Régimen y su errática e incapaz Secretaria de Estado no se cansan de calificar de exitosa su participación en el que ya se ve claramente como el Consejo Contra los Derechos Humanos, lo que como se demuestra es una ofensiva y flagrante tergiversación de la verdad de lo que sucede dentro del Consejo con la anuencia y aprobación del Régimen Obámico.

El mal llamado Consejo de Derechos Humanos es un lugar en el que el poder lo ejercen la mayoría no-democrática de sus integrantes y con su participación en el mismo los Estados Unidos, otrora esperanza de redención y libertad para los oprimidos, antes de la Era del Hope and Change, se colocan en el mismo sitio y a la misma altura de los Castro, Chavez, Kadafi y demás alimañas de la misma especie que se reúnen allí, a puertas cerradas, para condenar a los países verdaderamente democráticos como Israel, mientras hacen de la vista gorda a las continuas violaciones de los Derechos Humanos que se producen, por ejemplo, en Irán y en la Cuba de los Castro.

Lo que sucede es que en el fondo, el Régimen Obámico, en su arrogancia totalitaria, piensa en esencia igual que esos “líderes mundiales” y entiende los derechos humanos no como el ejercicio de los derechos individuales y democráticos de las personas, tal y como los recogen la Declaración de Derechos Humanos de la ONU. No en balde el Régimen piensa que puede violar los que nos están dados por nuestra Constitución en sus enmiendas, de ahí que pretenda obligarnos por primera vez en la historia a comprar un artículo (seguro de salud) porque le conviene a sus intereses políticos y haya convertido el ejercicio democrático parlamentario de la nación en un ejercicio de futilidad, tal y como sucede en los parlamentos títeres totalitarios y en el mismo Consejo antiisraelí.

Esta es una razón más para que en noviembre de este año y comenzando por el Congreso, iniciemos la limpieza y saneamiento necesarios en nuestras instituciones democráticas. De no hacerlo cada vez nos pareceremos más a esos mismos que hoy controlan el mal llamado Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

Hoy 17 de septiembre celebramos el 227 aniversario de la firma de nuestra Constitución en Filadelfia por los Padres Fundadores. Los norteamericanos llamamos a este día, Día de la Constitución y por ello resulta más que apropiado que nosotros sus herederos, regresemos a ese documento y nos preguntemos si aún existe en América un Gobierno Constitucional. Y lo que es más importante, aquellos que consideremos que ya no lo es; que este Régimen ha traicionado los principios que en ella recogieron sus creadores, no debemos descansar hasta que recobremos esos principios que han hecho grande a nuestro querido país, la tierra de los hombres libres y el hogar de los valientes.

Editores de Nobama
Nueva York, 17 de septiembre de 2010

lunes, 24 de mayo de 2010

Barack Hussein Obama anuncia el
Novus Ordu Mundi



El sábado pasado, Barack Hussein Obama, pronunció el discurso de graduación de la Academia Militar del Ejército norteamericano en West Point. En su discurso, el Gran Timonel comenzó a desvelar una parte importante de su cacareado y poco definido concepto de Cambio. Esta vez, anunció que buscaría un nuevo “Orden Internacional”. En su exposición se pudo apreciar cuanto desprecio siente por la soberanía nacional del país y por el excepcionalismo americano y que está dispuesto a llegar muy lejos con tal de lograr una mayor cooperación mundial.

Este discurso del Gran Timonel parece complementar lo expresado por el Vicepresidente Biden en Bruselas el pasado 6 de mayo al hablar ante el Parlamento Europeo, cuando cedió a Bruselas el rol que hasta el presernte había jugado Washington DC, como centro mundial de la libertad: “Como probablemente ustedes sepan, algunos políticos y periodistas norteamericanos se refieren a Washington DC como la ‘capital del mundo libre’ (...) Pero a mí me parece que en esta gran ciudad, que cuenta con 1,000 años de historia y que sirve como capital de Bélgica, el hogar de la Unión Europea, y del cuartel general de la OTAN, esta ciudad tiene el legítimo derecho de reclamar ese título”.

En Nobama, hemos sido acusados de propalar teorías conspirativas alrededor de los planes del Régimen Obamista de destruir nuestra nación tal y como nos la legaron los Fundadores y sustituir esos valores democráticos y de libertad, que nos han hecho excepcionales a través de la historia, por un orden dictatorial de gobierno totalitario. Pero hoy, más bien el sábado pasado con este discurso, ha sido, paradójicamente, el mismo Barack Hussein Obama el encargado de revindicarnos.

Esta idea del Novus Ordu Mundi no es una idea nueva, ni original del Gran Timonel, es una idea tan vieja como el Leninismo, el Fascismo y el Nazismo, ideologías todas que tienen su base filosófica principal en el llamado Socialismo Fabiano. Ya en su libro, The Audacity of Hope, Obama argumentaba al respecto: “Cuando la única súper potencia mundial restringe voluntariamente su poderío y se manifiesta de acuerdo en conducirse según normas de conducta acordadas internacionalmente, está enviando un mensaje de que estas son normas dignas de seguir”. Para nosotros este abandono del excepcionalismo norteamericano y la voluntad de ceder parte o toda nuestra soberanía a un “Gobierno Mundial” por parte de Obama, quedó más que claro cuando nombró a Susan Rice, una de sus ayudantes más cercanas política e ideológicamente, como embajadora ante la ONU y le otorgó el rango de integrante de su gabinete de gobierno.

El sueño trasnochado de establecer un Nuevo Orden Internacional, como le llama el impostor que ocupa la Casa Blanca, es una idea acariciada desde hace mucho tiempo por la elite de la izquierda caviar norteamericana y mundial. Aquí tuvo su primer intento cuando la Comisión Trilateral fundada hace 26 años y presidida entonces por el banquero David Rockefeller, aprovechó la coyuntura de la crisis política y económica existente entonces, para llevar a la Presidencia a un desconocido cultivador de maní del Estado de Georgia, Jimmy Carter, quien a pesar de contar con capaces asesores colocados junto a él por Rockefeller, como Zbignew Brzezinski, su Asesor de Seguridad Nacional y Política Exterior, y gracias a su mediocridad rampante, la suya terminó siendo una de las Presidencias más desastrosas de la historia norteamericana. Así, con la llegada a la Presidencia de Ronald Reagan, el Trilateralismo tuvo que agazaparse y esperar por tiempos mejores.

Este revelador discurso del Sábado en West Point, se muestra como lo que serían los prolegómenos para el establecimiento de lo que será su primera estrategia formal de seguridad nacional, que se espera Obama anuncie la próxima semana, la que estará basada en el concepto de que los Estados Unidos, como país, son sólo uno más entre todos, y que ya no seremos una súper potencia que liderará al mundo libre, concepto que en estos tiempos en que Corea del Norte impunemente hunde buques de nuestro aliado del Sur y que Irán tendrá el arma nuclear en breve, resulta uno tan peligroso, como la misma tendencia que establece.

“A nuestros adversarios les gustaría ver como los Estados Unidos debilitan su fuerza al ampliar demasiado nuestro poderío. (...) Por eso necesitamos dar forma a un orden internacional que pueda afrontar los desafíos de nuestra generación”. Este enunciado unido a su concepto de que la función de nuestras fuerzas armadas necesitan “complementarse” con un mayor compromiso diplomático “desde las grandes capitales hasta los más peligrosos puestos de avanzada”, combinado todo con más asistencia humanitaria a las naciones necesitadas (no importa que seamos el país del mundo que más asistencia humanitaria presta y que pagamos con nuestros impuestos), y la actividad “policíaca que puede fortalecer los sistemas judiciales en el extranjero y protegernos aquí. (...) El Orden Internacional que propugnamos, es uno que pueda resolver los retos de nuestro tiempo, enfrentando al extremismo violento y la insurgencia; detener la proliferación de armas nucleares y asegurando los materiales nucleares; combatir el cambio climático y sostener el crecimiento global; ayudando a los países a alimentarse por sí mismos y cuidar de sus enfermos; prevenir los conflictos y sanar sus heridas”, dijo el Gran Timonel a los oficiales que se graduaban.

Con este discurso y en medio de la Guerra contra el Terrorismo Islámico que por pura casualidad no ha cobrado nuevas víctimas en nuestro territorio, Barack Hussein Obama, completa el giro de 180 grados para alejarse por completo de la “Doctrina Bush”, que nos mantuvo seguros y sin sufrir un ataque en nuestro territorio después del 11 de septiembre de 2001. Alejamiento que tuvo su inicio “oficial” en su lamentable y desvergonzado discurso en El Cairo el verano pasado.

Al separarse totalmente de la “Doctrina Bush” en estos tiempos tan peligrosos, Obama, como ya vimos en sus lineamientos previos sobre seguridad nacional, renuncia al uso del unilateralismo en la defensa nacional y por consiguiente a la extraordinaria arma disuasiva que representa la posibilidad del ataque preventivo a cualquier enemigo y que probó su eficacia con la rendición incondicional de su programa de armas nucleares por parte de Kaddafi, el terrorista de Trípoli.

En Nobama, sabemos qué tipo de Novus Ordu Mundi, pretende imponernos Barack Hussein Obama; él mismo se ha encargado, poco a poco de irlo revelando. No confundirse. Él no pretende combatir lo que la izquierda mundial llama la “arrogancia del Imperio”. No, su verdadero propósito es convertirse en el Gran Timonel de ese Gobierno Mundial a través de sus planes de crear, un acuerdo mundial obligatorio sobre el Cambio Climático negociado bajo los auspicios de la ONU y la creación de una poderosa fuerza militar “Internacional” controlada por la entelequia con sede en esta masoquista ciudad de Nueva York. Esta utopía Obamista sería una entidad con las características de un Estado Mundial, con su cuerpo de leyes que en unos casos sustituirían y que en todos prevalecerían sobre las Constituciones Nacionales existentes.

Estén todos atentos. La maquinaria de dominación totalitaria del Régimen ya echó a andar y es una carrera contra el tiempo. Hasta ahora, Obama lleva la ventaja, de ahí que resulte tan importante que triunfe en noviembre próximo la Rebelión de las Urnas.

Nobama
Nueva York, 24 de mayo de 2010