viernes, 29 de enero de 2010

El peligro de la negación ideológica de los ideólogos populistas con ínfulas mesiánicas



Cuando estábamos preparando una ampliación de nuestro análisis del discurso del Estado de la Unión de Barack Hussein Obama, nos comenzó a llegar la información acerca de la visita que hiciera el Gran Timonel a los integrantes del Caucus Republicano de la Cámara, reunidos en un retiro en Maryland. Allí, como pueden apreciar en el vídeo que encabeza este artículo un Barack Hussein Obama, al que todavía se le ve enojado y con la pataleta del miércoles, atacó a los reunidos en el lugar, por votar en contra de su agenda radical para cambiar completamente la faz de America. Muy enojado, porque de los allí presentes ni uno sólo, votó por su paquidérmica Ley de Estímulo Económico, ni la disparatada Ley Ómnibus (conocida como Porculus Bill por la cantidad de “grasa” que contenía), y sólo 5, (para su vergüenza) votaron por la Ley Cap & Trade (Reforma energética) y sólo 1 votó (un RINO de Louissiana) por el ObamaCare, les recriminó por lo que llamó su falta de apoyo a su agenda.

Muy irritado como podrán apreciar, llamó al ObamaCare una ley “centrista”, por lo que fue apabullado por los representantes republicanos, a los que les dijo, todavía enojado: “La noción de que este es un paquete radical no es cierta. Yo no soy un ideólogo”.

En respuesta a sus acusaciones los Representantes Republicanos le respondieron que el camino era un real corte en los impuestos y acusándolo de no tomar en cuenta seriamente sus ideas. Y le recordaron lo que no mencionó en su discurso del miércoles pidiendo sus ideas, cuando en la Casa Blanca las rechazó a principio de su mandato, diciendo con su arrogancia habitual: “Yo gané”. Claro, entonces tenía la súper mayoría en la Cámara y el Senado y pensó que no tendría ningún obstáculo para pasar su agenda con sólo votos Demócratas.

Pero si hacemos un breve análisis de su actuación y sus palabras hasta hoy, nos encontramos con la realidad de que sigue insistiendo en el ObamaCare, cuando la mayoría de los norteamericanos se opone, insiste en la Ley Cap & Trade que acabará aumentando el desempleo a niveles insospechados, quiere derogar la Ley “No decir, no preguntar” que pondría en crisis la cohesión de nuestras fuerzas armadas y por ende a su vez, nuestra Seguridad Nacional. Nacionalizó a la GM, quiere arruinar a los bancos, prometió la transformación “fundamental del país”, quiere convertirnos en una sociedad dominada por el Gobierno hasta en el más mínimo detalle, porque piensa que el Gobierno es la respuesta y no el el problema y cree que la redistribución de la riqueza es la justicia social. A eso se le llama socialismo en todas partes desde que esas ideas se conocen, menos en su diccionario público que no en el privado, y se atreve todavía a decir que no es un ideólogo.

Pues bien, Barack Hussein Obama no es sólo un ideólogo, un extremista socialista (de momento), una veces cerca del comunismo y otras del fascismo, si no que es el tipo de ideólogo más peligroso de todos: El que niega serlo.

Y para aquellos que no sepan muy bien de que estamos hablando, sólo tienen que ver los vídeos que acompañamos a continuación y después reflexionar. Esa conducta es la habitual en los liberticidas y populistas mesiánicos con aspiraciones totalitarias, siempre en nombre del pueblo, al que curiosamente, también siempre dan la espalda y no les importa lo que opinen o deseen para sus vidas.

Vean a continuación sólo dos casos recientes: Fidel Castro y Hugo Chávez en sus propias palabras y compárenlos con lo que sucede en los países que gobiernan y también con la actuación y las palabras del usurpador de la Avenida Pennsylvania en Washington.

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En Nobama no acostumbramos a pedirle a nuestros lectores que divulguen nuestros posts, porque pensamos que ello debe ser algo que ellos determinen libremente, pero en este caso no nos avergüenza hacerlo, esta comparación resulta imprescindible, porque hay muchos, la mayoría, en la comunidad hispano parlante, que piensan que Obama es un demócrata que pelea por ellos contra una pandilla de miserables fascistas derechistas y reaccionarios racistas, y en ello recibe el apoyo de los más importantes medios de prensa hispanos de los Estados Unidos y de sus principales figuras como el lamentable Jorge Ramos en Univisión.

Esto que aquí mostramos es el reflejo del verdadero Barack Hussein Obama y no otro.

Nobama
Nueva York, 29 de enero de 2010

Cosas de Obamaland

Todos ya conocemos la arrogancia, autosuficiencia y autoelevación mística de Barack Hussein Obama. Ayer decíamos que en su discurso del Estado de la Unión había utilizado la palabra “yo” 96 veces y que se había referido a él en segunda y tercera personas otras 18, por lo que si su discurso le tomó 70 minutos, lo que lo hace el más largo, insípido, aburrido, repetitivo y arrogante de la historia norteamericana, habló acerca de él mismo 1.62 veces por minuto, lo cual probablemente merezca aparecer en el Libro de Record Guinnes.

Pues bien, ahora y siguiendo esta antigua tradición musulmana que data desde la época del Sultán Salah El Din Al Ayoubi, de calificar de Héroe a su Señor, las personas responsables del archivo de imágenes presidenciales en el Website oficial de la Casa Blanca, le han dado el estatus de héroe en el archivo fotográfico, así cada vez que se intentaba guardar una foto en dicho sitio el archivo que se descargaba, como se muestra en las fotos que acompañamos siempre comenzaba con “hero” (héroe). Consultamos a un especialista en archivo fotográfico y nos dijo que en ocasiones cuando se están escogiendo fotos a partir de las hojas de contactos, se le llama “hero” a la imagen final seleccionada. Pero sucede que, en este caso, no TODAS las imágenes del sitio tienen este tratamiento, por ejemplo a la escogida como foto del día le dan al archivo el prosaico nombre de P012510SA-0005.jpg. De manera que si esto no es una prueba del complejo Mesiánico que aqueja al Gran Timonel, Sol de la Nación y Gran Líder está muy, pero que muy cerca de serlo.

Luego seguiremos con nuevas impresiones después del discurso del Estado de la Unión.

Nobama
Nueva York, 29 de enero de 2010

jueves, 28 de enero de 2010

Paisaje después del discurso de Obama: Un hombre negro enojado... Otra vez

“Hacer la misma cosa una y otra vez y esperar un resultado diferente
es la definición exacta de la locura”.
                                                                                    Albert Einstein
Ayer comentábamos en el blog de nuestra amiga Isis Wirth que sin querer asumir posiciones de oráculo, podíamos predecir que anoche veríamos a un Barack Hussein Obama asumir la posición de hombre negro enojado por el estilo de Al Sharpton y Jesse Jackson, con un discurso sobre el estado de la Unión populista y belicoso. Teníamos nuestras razones para pensarlo y lamentablemente tampoco nos equivocamos esta vez.

El Barack Hussein Obama que vimos anoche destilaba ira y desafío tanto en lo que dijo como en la forma en que lo dijo, pero está claro ya hoy que ante la catástrofe de Massachusetts y la reciente decisión de la Corte Suprema de Justicia sobre el financiamiento de las campañas, Obama y sus asesores políticos decidieron que tenía que mostrarse enojado y ultrajado, especialmente con Wall Street, la Corte Suprema de Justicia y claro está con todos aquellos, digamos que la mayoría, entre los norteamericanos que estamos decididamente en contra de esa agenda ideológica extraña que trata de embutirnos a la fuerza.

Ellos piensan que la moderación, la mesura y la ponderación que debe distinguir a los Presidentes no es la manera de responder a los reveses políticos sufridos en los últimos días y que mostrarse iracundo revertirá la tendencia a la baja que muestran las encuestas, pero lamentablemente lo que indican las encuestas esta mañana es todo lo contrario: Rasmussen Report, una de las más confiables, sino la más, muestra un aumento del 1% entre los que desaprueban su trabajo después del discurso de anoche (54% hoy vs. 53% ayer). Esa actitud de enojo, iracundo por momentos, lejos de hacerlo parecer fuerte hizo que se viera quejumbroso y frustrado y, como sabemos, la frustración es prima hermana de la impotencia y a nadie le gusta pensar que el Presidente es incapaz de lograr algo, ni tampoco tener un Presidente irascible que le den pataletas porque no consigue lo que quiere.

De larga recordación será su inusual e inapropiado ataque contra la Corte Suprema, algo que por más que hemos buscado en diferentes fuentes parece ser inédito en la política norteamericana y francamente según especialistas en derecho constitucional, un palpable ataque al espíritu del compromiso histórico de nuestro Gobierno con la separación de poderes. Con esta deleznable y grosera acción, Obama se propuso y logró, quizás su único logro de anoche, el desagradable espectáculo de la beligerante reacción del liderazgo Demócrata del Senado y del resto de la audiencia de ese Partido contra la Corte Suprema, cuyos magistrados estaban presentes en el hemiciclo y siempre han representado la dignidad y el respeto al cumplimiento de la Ley en esta nación. ¿Qué diferencia existe en esta bochornosa actuación de Obama y sus secuaces con el comportamiento de los Castro, los Chávez y todos los dictadores y aspirantes a dictadores de hoy?

Ayer, no se escuchó a nadie gritarle mentiroso como la última vez, lo que no quiere decir que anoche no haya mentido. Mintió y bastante. Veamos unos pocos ejemplos entre muchos:

“Los Estados Unidos y Rusia culminan las negociaciones para el más amplio tratado de control de armas en cerca de dos décadas”, dijo Obama. Pero la realidad es que a pesar de que a principios de año dijera que las negociaciones culminarían antes de que venciera el tratado de 1991, no lo logró. Y mientras nos dice que está a punto de lograrlo ahora, la realidad es que todo está paralizado. Y los rusos están firmes en la no inclusión de cuestiones que tengan que ver con la defensa antimisiles en cualquier acuerdo y quieren imponer sus propias reglas para verificar las reducciones nucleares que en resumen son: ninguna. El lunes comienza otra ronda de negociaciones, a la que después, le seguirá otra, y otra, y otra... Hasta que Obama, como es su costumbre con tal de firmar algo, ceda. Recordar Copenhagen.

Según él y basándose en información clasificada, ha tenido más éxito que su predecesor en matar terroristas: “Y durante el año pasado, cientos de combatientes de Al Qaida (fíjense que no les llama terroristas) y afiliados, incluyendo líderes superiores, han sido capturados o muertos, muchos más que en 2008”. La realidad es que ello es una gran mentira y una afirmación imposible de verificar. Ni la administración Bush ni la suya han publicado jamás la cuenta de cadáveres enemigos, particularmente los que han sido muertos a causa de los ataques de los aviones no tripulados (drones) en la frontera de Afganistán y Pakistán.

La triste realidad en cuanto a nuestra seguridad nacional y el combate al terrorismo es que no dijo nada de valor y por supuesto ni mencionó al terrorista de la bomba en el escroto, ni al de Fort Hood, ni su disparatada política de juzgar a los terroristas del 11 de septiembre en Cortes Civiles. Esa política que al decir del recién electo Senador Brown, destina el dinero de los contribuyentes a defender los derechos de los terroristas y no a combatirlos. En resumen, es como si en medio de la II Guerra Mundial Roosevelt hubiera rendido su Informe del Estado de la Unión sin mencionar la Guerra, Hitler, Alemania, Japón e Italia.

Pero hubo un momento en que pareció que iba a hacer un giro importante y dar crédito por algo a su predecesor cuando habló del paquete de rescate bancario iniciado en la administración Bush, para de inmediato decir que fue terrible, que nadie lo quería. Pero lo que no dijo es que la administración de George W. Bush prestó $240 mil millones a los bancos y que ese dinero está regresando ya al tesoro con intereses y dividendos según se estableció entonces. Y que sus famosos paquetes de rescate económico ni han creado los empleos ni la recuperación económica y financiera prometidos.

Lo que anoche, sin dudas, quedó bien claro es que la campaña presidencial para el 2012 comenzó oficialmente y lo que vimos no fue a un Presidente rindiendo su informe a la nación sino al mismo candidato que escuchábamos en el año 2008.
 Una y otra vez repitió las mismas frases del tipo “una nueva era ha comenzado” y mantuvo el mismo tono de hace dos años: “que malo es Washington”.

Anoche, con notable indulgencia hacia él mismo, trató de rociarse con un poco de agua Clintoniana de “yo siento su sufrimiento” en su intención de conectarse con el americano real que sufre las consecuencias de la recesión y de la fechorías de un “Washington” que Obama parecía decirnos que su cabeza visible no es precisamente él, y pareció también olvidar que vive en la dirección más icónica de la capital y que todos lo sabemos. En ese momento del discurso no pude menos que recordar al Maestro del “allí fumé”, Fidel Castro, que siempre encontraba la manera de culpar a otros de los desastres que creaban sus disparatadas ideas. Pero como alguien me comentaba anoche, “ni el Eau-de-Clinton pudo enmascarar la suprema arrogancia con la que nos mira desde su elevado pedestal en el Olimpo”.

Anoche, Obama utilizó la palabra “Yo” 96 veces, y se refirió a él en segunda y tercera personas otras 18.

Anoche, lejos de moverse al centro como hicera Clinton, Obama se plantó firme y arrogante en la extrema izquierda y enarboló desafiante su impopular agenda socialista.

Anoche, podría haber estado hablando allí cualquiera de esos líderes negros irritados con nuestra democracia como Alan Sharpton, Jesse Jackson o su “brújula moral” Jeremiah Wright. Lo que lo hizo lucir incompetente, patético y no el Presidente de la nación. Tres días atrás, Barack Hussein Obama, le dijo a Diane Sawyer: “Prefiero ser un Presidente realmente bueno en un sólo mandato, que uno mediocre de dos mandatos”, pero nunca aclaró para quien quería ser esa clase de Presidente.

Anoche esa duda quedó bien aclarada: ¡para él mismo!

Nobama
Nueva York, 28 de enero de 2010

martes, 26 de enero de 2010

¿Nos dirá mañana Barack Hussein Obama el verdadero estado en que se encuentra la Unión?


Informe sobre el estado de la Unión
George Washington, enero de 1790
“Lo que van a escuchar del Presidente es lo mismo que han escuchado en los últimos años y ello es que durante demasiado tiempo la gente en este país ha sentido que lo que interesa en Washington son los intereses especiales y no la gente común. Esa es la razón por la que se sienten frustrados”.

Robert Gibbs,
Ministro de Propaganda de Obama en la TV el 24-1-2010

UPDATE: Tal y como habíamos anunciado, Barack Hussein Obama, volvió a mentir varias veces ante ambas cámaras del Congreso y sobre todo, repitió el mismo viejo discurso del Gran Gobierno que pronunció hace un año en el mismo sitio. En resumen, jamás nos dijo realmente cuál era el verdadero estado de nuestra Unión y por supuesto la culpa de todas nuestras dificultades y de la irritación del pueblo norteamericano la tiene el Presidente Bush. Same Old... Same Old...
Mañana haremos un análisis más detallado del discurso y hablaremos de la excelente respuesta dada por el Gobernador de Virginia.
Pasen todos buenas noches y que Dios bendiga a América y a todos nosotros.

Nobama
Nueva York, 27 de enero de 2010

Mañana, Barack Hussein Obama, rendirá su primer informe acerca del Estado de la Unión ante las dos cámaras del Congreso y al pueblo norteamericano a través de la Radio y la Televisión. La tradición, establecida en nuestra Constitución como la obligación que tiene el Poder Ejecutivo de rendir cuentas sobre su gestión, la inició George Washington en 1790 y se supone que el Presidente haga una revisión detallada del estado de la nación y revele su agenda para el año siguiente.

En el caso de este Presidente, existe el antecedente de otro que en condiciones del país muy similares ha pasado a la historia como la única vez que un Presidente ha comenzado su informe así: “Debo decirles que el estado de la Unión no es bueno: Millones de norteamericanos se encuentran sin empleo y la recesión y la inflación está erosionando el dinero de millones más. Los precios son muy altos y las ventas muy lentas. Este año el déficit Federal será de alrededor de $30 mil millones; el año próximo probablemente sea de $45 mil millones. La deuda nacional se elevará por encima de los $500 mil millones. Nuestra capacidad industrial y la productividad no se elevan lo suficientemente rápido. Dependemos de otros para obtener nuestros recursos energéticos esenciales. Alguna gente cuestiona la habilidad de su Gobierno para tomar decisiones difíciles y mantenerse en ellas y esperan de Washington las acostumbradas políticas...” El que así hablaba era el Presidente Gerald Ford, el 15 de enero de 1975.

Si el estado de la Unión que Obama nos presentará mañana fuera siquiera el doble de lo que el Presidente Ford consideraba que no era bueno entonces, podríamos decir que sería excelente y el Presidente se llevaría sin dudas una calificación de A+. Pero como sabemos que este Presidente no es ni una décima parte de lo honrado y transparente que era el Presidente Ford no podemos esperar que nos diga claramente cuál es el estado real de nuestra Unión, porque ello implicaría que tendría que reconocer que su Presidencia es una fallida y que para enderezar el rumbo tendría que dar un giro de 180 grados, que como sabemos no está dispuesto a dar. Y esto lo decimos porque ya se sabe en línea general lo que Barack Hussein Obama nos dirá mañana y de él mismo hemos escuchado en recientes entrevistas lo que piensa de él mismo y de su Presidencia: “La única cosa que tengo clara es que prefiero ser un buen Presidente de un sólo mandato, que un Presidente mediocre de dos mandatos”. Esta respuesta, en boca de un Presidente, seguramente pasará a la historia como un maravilloso exponente de la mala memoria, la torpeza y una increíblemente arrogante condescendencia hacia el pueblo norteamericano. Por ello se merece lo que Chuck Krauthammer dijo refiriéndose a esa respuesta que dio a Dianne Sawyer de ABC: “Hay una tercera opción que él no consideró, y que es que podría ser un presidente mediocre de un sólo mandato, que es lo que ha sido hasta ahora en su primer año. Y como la mediocridad usualmente no estimula al electorado a reelegir a alguien, esa puede ser la razón por la que tenga un sólo mandato”.

Ciertamente, Obama no nos dirá realmente cuál es el verdadero estado de la Unión, ni tampoco lo veremos asumir una posición de rectificar acorde con los deseos de la mayoría de los norteamericanos. Mañana veremos al mismo arrogante farsante, con el mismo discurso ya gastado que cada día engaña a menos entre quienes lo escuchan. Por lo que anticipamos que, por lo predecible, el discurso del estado de la Unión será uno tan o más aburrido de los usuales a los que el Gran Timonel nos tiene ya acostumbrados. Lo interesante lo tendremos al día siguiente, cuando nos encarguemos de señalar todo lo que no dijo y debía haber dicho. Ese será el verdadero informe sobre el Estado de la Unión.

Nobama
Nueva York, 26 de enero de 2010

lunes, 25 de enero de 2010

Una sonada victoria para la libertad de expresión y otra derrota para Barack Hussein Obama


La semana pasada, en medio de la conmoción provocada por la debacle Obámica en Massachusetts, pasó casi inadvertido un hecho de extrema importancia para nuestras libertades: En un histórico fallo de 5 a 4, la Corte Suprema declaró inconstitucional las peores disposiciones de censura de la Ley McCain-Feingold restaurando así una parte vital de la libertad de expresión en los Estados Unidos.

La Primera Enmienda de la Constitución no permite que el Gobierno silencie a sus críticos y la decisión del jueves pasado representa la reafirmación de las ideas de nuestros Padres Fundadores y de los cimientos en que se fundó nuestra nación. Pero con vistas a las elecciones de 2010, esta semana pasada, en lugar de aplaudir el fallo de la Corte Suprema, nuestro Gran Líder, Barack Hussein Obama, en el más estricto estilo de Fidel Castro y Hugo Chávez, responde lanzando una ominosa amenaza contra nuestro más alto tribunal. A los Gobernantes autoritarios les irrita sobremanera la independencia de juicio y la aplicación de la Ley Fundamental cuando esta no les favorece y de inmediato se lanzan a por ella.

El pasado jueves, la Corte Suprema hizo pública su decisión en el caso Ciudadanos Unidos vs. Comisión Federal Electoral (FEC), cuya esencia era el cuestionamiento de una parte fundamental de la Ley de Reforma de Campaña, más conocida como McCain-Feingold, que estipulaba como una felonía federal, sancionable con cinco años de prisión, el uso de fondos por parte de una corporación para criticar a un candidato a un cargo federal durante los 30 días previos a una elección primaria o 60 en una elección general en noviembre.

Como muchos recordarán, este grupo hizo un documental sobre Hillary Clinton durante la campaña de 2008 y la Comisión Federal Electoral no permitió su distribución y David Bossie, el presidente de Ciudadanos Unidos, decidió retar en cortes la legalidad de esa decisión.

El caso terminó en la Corte Suprema donde el ex Procurador General de los Estados Unidos, Theodore Olson, una leyenda viviente entre los abogados de la Corte Suprema, peleó el caso contra el Departamento de Justicia de Obama. Durante los argumentos, la Procuradora General, Elena Kagan, hizo planteamientos extraordinariamente arrogantes sobre el alcance de la censura que el gobierno puede ejercer sobre sus críticos, señalando la capacidad gubernamental para declarar ilegales libros, películas y otros métodos de información pública. Olson con la Constitución en la mano destruyó los argumentos del Gobierno y puso de manifiesto el terrible poder que otorga al Gobierno esa parte de la Ley McCain-Feingold, prohibiendo la libre expresión de los ciudadanos en períodos de elecciones.

En su fallo, la Corte Suprema, estuvo de acuerdo en que ese poder es inconstitucional. En la opinión mayoritaria, escrita por el Magistrado moderado Anthony Kennedy, se hizo constar que la Corte en décadas pasadas había respaldado regulaciones acerca de la libertad de expresión de las Corporaciones. Pero en su decisión del jueves derogó esas regulaciones por considerar sus razones “no convincentes e insuficientes” para justificar la censura gubernamental en el discurso político. Por el contrario, la Corte dejó constancia de que los ciudadanos comunes, con frecuencia deben juntar su dinero en una organización a la que apoyan, de manera que puedan utilizar esos fondos para llevar su mensaje acerca de los asuntos en debate y que consideran importantes, cuando se aproximan las elecciones. Y que lejos de silenciar al ciudadano común, esta opción permite a grupos, llámense Ciudadanos Unidos, Asociación Nacional del Rifle, o Consejo de Investigación de la Familia, ser el megáfono de esos ciudadanos comunes, al informar a los votantes acerca de lo qué está en juego.

La opinión de la Corte Suprema destacó que la teoría del gobierno de que puede censurar a una organización que hable al público, por el hecho simple de que esa organización sea una Corporación que tenga la posibilidad de acumular dinero, le permitiría al gobierno perseguir a los medios informativos. Así, el argumento gubernamental podría usarse para justificar la censura de prensa. Y cuando esto sucede, deja de existir la Primera Enmienda de nuestra Constitución y por ende la Libertad de Expresión.


¿Pero cuál ha sido la respuesta de Barack Hussein Obama al fallo de la Corte Suprema?

El mismo Gran Timonel en un Orweliano mensaje radial el sábado pasado nos lo hizo saber al decir que la Corte con este fallo “dio luz verde a una nueva estampida del dinero de los intereses especiales en nuestra democracia. Es una gran victoria para las grandes compañías petroleras, los bancos de Wall Street, compañías de seguro de salud, etc., etc...” .

La hipocresía mostrada aquí por Barack Hussein Obama, se coloca en uno de sus momentos más elevados y claros. Todos recordaremos que luego de comprometerse con McCain durante la campaña a que sólo utilizaría fondos públicos en la misma, Obama se retractó y comenzó a utilizar fondos privados acumulados en las primarias y otros de los que nunca se supo su procedencia, se calcula que cerca de 2 mil millones de dólares fueron utilizados por la campaña de Obama para llevarlo a la victoria.

Resulta también ultrajante y ofensivo en extremo, que en medio de las más sucias y groseras prácticas políticas que recuerde la historia de este país para lograr aprobar en el Senado el ObamaCare, que después de comprar senadores, hacer concesiones leoninas a los sindicatos que tendremos que pagar los ciudadanos con nuestros impuestos y los jugosos negocios y acuerdos con las compañías farmacéuticas que impedirán que podamos comprar medicinas a un costo menor, para lograr su apoyo a la monstruosidad que se cocinaba a puertas cerradas y en la oscuridad de la noche, que Obama tenga las agallas y el descaro de criticar a alguien porque responda a supuestas políticas de “intereses especiales”. Que este Presidente, quien apoyándose en una mayoría dócil y abyecta en el Senado y la Cámara ha puesto en práctica en Washington lo peor de la corrupta tradición política de Chicago, tenga la frescura de terminar su alocución radial a la nación de forma amenazante diciendo que irá al Congreso para elaborar una “vigorosa respuesta a esta decisión”.

Señor Presidente, usted olvida que esta es, como dice nuestro himno nacional, “¡la tierra del libre y el hogar del valiente!” (The land of the free and the home of the brave!)

Sin dudas, como comentaba en Nobama nuestra querida amiga Melekiop, “esta administracion esta en guerra contra la realidad” y se atreve después de la sonada derrota que sufrió en Massachusetts a amenazar a la Corte Suprema porque protege uno de nuestros derechos más sagrados. Está claro que como sucede a todos los dictadores con aspiraciones mesiánicas a Barack Hussein Obama le resulte intolerable que la Corte Suprema diga en su fallo: “Con frecuencia, los Gobiernos son hostiles a la libre expresión, pero bajo nuestras leyes y nuestras tradiciones resulta más extraño que ficción que nuestro Gobierno pretenda hacer de este discurso político un crimen”.

Con esta reacción de Obama y como hemos dicho aquí hasta el cansancio, se pone de manifiesto una vez más, que no es sólo de la atención a la salud de lo que el Gobierno de Barack Hussein Obama quiere apoderarse. No. Este falso demócrata quiere abolir nuestras libertades para poder imponernos esa ideología extraña para la que el libre debate y el flujo también sin restricción de las ideas es sencillamente un veneno de alta toxicidad al que no puede sobrevivir ningún régimen totalitario. Y eso lo saben muy bien el farsante de la Casa Blanca y sus secuaces de la extrema izquierda.

Nobama
Nueva York, 25 de enero de 2009