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miércoles, 2 de diciembre de 2009

Barack Hussein Obama, llamado el vacilante

Condenado por su propia vacilación a presentar un boceto repulsivo dirigido a múltiples auditorios políticos, Barack Hussein Obama utilizó el impresionante marco de West Point para proporcionarle a sus palabras una ilusión de liderazgo grandioso y singular.

El evento fue impresionante: La Academia Militar cuenta con la pompa y la solemnidad necesarias. Los cadetes se veían inmaculados, se comportaron a la perfección y aplaudieron a la señal dada y por supuesto en esta masa súper disciplinada no hubo ningún, Dios lo bendiga, Joe Wilson que le gritara “¡Usted miente!”

Banderas, formalidad y tradición estuvieron al servicio de un anuncio político que ya la Gran Prensa casi compara con la famosa Oración de Gettysburg, para esta horda de genuflexos izquierdistas cada palabra de Obama es más grandiosa que la que la precedió y cada discurso un evangelio más añadido a la Biblia del Falso Mesías, que ya recoge varios desde el 20 de enero de 2009, Toma de posesión o Génesis, pasando por El Cairo y Fort Hood hasta llegar a West Point.

¿Acaso alguien duda por qué los directores de escena del sainete Obama escogieron West Point para su Sermón de las 4,632 palabras? Muy simple, para en medio de esto que podríamos llamar la glamurización desvergonzada del estamento militar, enviar el mensaje subliminal de que todo aquel que cuestione la infalibilidad y la sabiduría de nuestro Gran Timonel se opone a la tradición de “deber, honor y país” que distingue a nuestras fuerzas armadas.

Pero la elección del entorno también revela lo cobardemente político que es realmente Obama: por encima de todo se trata de que West Point es un lugar seguro, en el que no debe esperar sorpresa alguna.

Como dijo un importante analista militar, “un verdadero Comandante en Jefe habría pronunciado este discurso en la Universidad Nacional Militar (National War College), o quizás ante la Junta de Comandantes en el auditorio del Pentágono, o en una Sesión Conjunta del Congreso, o desde la solemnidad presidencial que otorga la Oficina Oval. Si quería hacerlo en un ambiente militar, él debió explicar su decisión y su estrategia sobre Afganistán ante aquellos que la dirigirán e implementarán”.

Pero no, hasta en esto el “artifice” del “Cambio hacia el desastre” tiene que ser diferente, en lugar de explicarle su estrategia a un auditorio de Generales, lo hace a aprendices de oficiales, cuya responsabilidad cuando terminen sus estudios será mandar a pelotones de entre 20 y 40 soldados. Que nadie discute que son magníficos jóvenes norteamericanos, pero que no son la audiencia apropiada para anunciar cambios político-militares de tal envergadura, pero para este Comandante en Jefe de opereta el continente es más importante que el contenido o, lo que es lo mismo, la puesta en escena es lo que importa y no el drama en sí. Dicho en otras palabras por si no lo expresamos claramente: Obama, como es habitual, ha preparado un evento mediático, pero su liderazgo como Comandante en Jefe brilló por su ausencia.

Su fortaleza principal, cada vez está más claro, radica en un carisma hueco ante el que, para su vergüenza, la Gran Prensa sigue siendo embarazosamente susceptible y perturbadoramente obsequiosa. Siempre que el teleprompter no le juega una mala pasada la actuación de Obama es excelente, pero, como ya resulta habitual, el contenido de su ampulosa verborrea evita hablar y tocar aquellas realidades que deben estar presentes en el discurso de un Comandante en Jefe.

Anoche, anunció un refuerzo de tropas insuficiente, justificándolo con palabras altisonantes y repetitivas, dando vueltas y más vueltas, sonando el tamborcillo sin parar, como el Conejito de Energizer, pero sin explicar claramente por qué ese número de tropas y no el que le pidió el General que él mismo nombró y a la vez trató de suavizar la ira de su base natural en la extrema izquierda, estableciendo límites precisos en nuestro compromiso en la guerra contra nuestros enemigos.

Barack Hussein Obama, como decían nuestras abuelas: ni se peinó ni se hizo papelillos, ni fu, ni fa. Como dijo el mismo analista militar ya citado, “fue como si en la Segunda Guerra Mundial Roosevelt le hubiera dicho a los japoneses y a los alemanes que en realidad queremos decir lo que dijimos y que nuestro compromiso es inquebrantable, sólo que planeamos abandonar la guerra en 1944”.

Entonces, como ahora, el esfuerzo y las vidas de valerosos jóvenes como los que le escuchaban se habrían derrochado en vano, tal y como hace con nuestros impuestos y, entonces como ahora, habríamos eliminado toda posibilidad de triunfo. Fue como si le dijera al Taliban y a los terroristas de Al Qaeda, que lo único que tenían que hacer era resistir un poco y como hemos visto, ambos son buenos para resistir.

Desde Pakistán, también escuchaba atentamente el enemigo y se refocilaba pensando en el premio que les espera al final del camino: Un Pakistán con armas nucleares, y un Afganistán vecino de Irán en sus manos. Obama firmó anoche la sentencia de muerte de muchos jóvenes soldados y sabe Dios de cuántos civiles inocentes allá y aquí, al anunciar esa estrategia fallida en su mismo comienzo. Esa estrategia y ese refuerzo podrían tener éxito si como un verdadero Comandante en Jefe hubiese dicho que nuestro compromiso es hasta alcanzar la victoria y no que sólo durará 18 meses.

Otro aspecto que demuestra su incapacidad para ser Presidente y por ende Comandante en Jefe, fue pasar por alto el peligro de Irán, que obviamente ya le tomó la medida y muy bien. Para nuestra Seguridad Nacional resulta vital tener rodeado a Irán desde Irak y desde Afganistán, porque digan lo que digan al final del camino sólo se vislumbra una solución posible: El bloqueo en el Golfo Pérsico por mar y desde Irak y Afganistán por tierra. Y, para suerte nuestra y del resto del mundo, de lo demás veremos como los israelíes se encargan más pronto de lo que muchos se imaginan.

Pero ¿quién dijo...? ¿A quién puede ocurrírsele que la principal preocupación de Obama es que su “nueva estrategia” tenga éxito? “God Bless America? No, no, no... God Damn America”, como le enseñó su mentor Jeremiah Wright.

Obama quiere cobertura política y caos para prevalecer, pase lo que pase y caiga quien caiga. Él quiso aparecer fuerte ante el pueblo norteamericano, pero a su base natural y a nuestros enemigos les hacía un guiño cuya traducción era: ¿Captaron el mensaje? Tengan calma y esperen. Aparenten no ser terroristas hasta julio de 2011, y verán como todo irá a las mil maravillas.

Nobama
Nueva York, 2 de diciembre de 2009

jueves, 12 de noviembre de 2009

La lección de Irak: la diferencia entre un Presidente y un politicastro de Chicago o los titubeos políticos de Obama

Barack Hussein Obama acaba de rechazar todas las propuestas estratégicas para encaminar la crítica situación en Afganistán y ahora, después de haber pasado más de 4 meses de la solicitud de 40 mil efectivos hecha por el comandante de las tropas norteamericanas y de la OTAN, dice que quiere una revisión detallada para clarificar cuándo y cómo las tropas norteamericanas entregarán la responsabilidad de su seguridad al Gobierno afgano.

Curiosamente, esa nueva posición titubeante de Obama surge en medio de la filtrada oposición del embajador en Afganistán sobre el refuerzo de tropas, porque existen muchas dudas acerca del liderazgo del Presidente Karzai y de la fuerte oposición del vicepresidente Biden al aumento de tropas solicitado por el General McChrystal y apoyada por el también General Petraeus, quienes afirman que sin ese refuerzo de tropas durante el año próximo, tal y como Petraeus dijo en su momento en Irak, probablemente tengamos que enfrentar la derrota con todas las consecuencias para nuestra Seguridad Nacional y el peligro que implica para la compleja situación existente en Pakistán, cuya seguridad ante el embate del Taliban y de al Qaeda está condicionada a que se controle la situación en Afganistán y que es el mayor peligro que implica una “derrota” norteamericana: un Pakistán nuclear en manos de los extremistas islámicos.

Hace unas semanas, nuestra querida amiga Isis Wirth publicaba en su blog un excelente artículo que tituló: Obama el más poderoso escritor desde Julio César, en su artículo Isis señaló, entre otras cosas, lo siguiente: “148 soldados norteamericanos han muerto desde que Hussein O., busca decidirse sobre la cantidad de tropas que enviaría a Afganistán, desde el pasado 1 de agosto en que el general McChrystal le sometió su informe. Dice que se pronunciará a finales de noviembre. ¡Cuatro meses! El gran Commander in Chief alude a la obtención de un ‘compromiso’ entre militares y políticos, en su gobierno. Los militares, están todos de acuerdo, el general Petraeus apoya a McChrystal, asi como el secretario de defensa, Robert Gates. ¿Quiénes son los ‘civiles’? ¿Joe Biden y Rahm Emanuel? ¿Desde cuándo una guerra se gana con un ‘compromiso’? ¿Desde cuándo los ‘civiles’ cuentan para determinar una estrategia?”

Esas preguntas que entonces se hacía Isis son clave hoy para entender el titubeo de Obama ante la decisión que tiene ante sí. La disyuntiva es clara: ¿Quién predominará en su decisión? ¿El Comandante en Jefe electo como Presidente de un país en guerra por la mayoría del pueblo norteamericano o el Politicastro de Chicago más interesado en su reelección para un segundo término que la Seguridad Nacional y la vida de nuestros soldados?

Ser o no ser, esa es la cuestión o Barack Hussein Obama en su laberinto, así titulabamos la introducción a un artículo de Chuck Krauthammer el pasado mes de octubre, en el que decíamos que “este Hamlet moderno se debate ante una disyuntiva que exige decisiones precisas y que no admite juegos de palabras. Si responde como un verdadero Comandante en Jefe, perderá el apoyo de su base doméstica, la extrema izquierda, y tendrá que gobernar desde el Centro y olvidarse de su agenda socialista (recordar a Clinton), si por el contrario decide lanzar los dados y apostar a la posibilidad de ganar con lo que proponen los que ya se equivocaron en Irak, o trata de convencer al Talibán y quizás hasta al Qaeda que deben buscar una salida negociada. El peligro para nuestra Seguridad Nacional será de proporciones catastróficas”.

También nos preguntábamos entonces ¿qué hacían Emanuel, Axelrod y Gibs, facilitadores políticos en las reuniones del Consejo de Seguridad del Presidente? Para respondernos esa pregunta habría que regresar al Irak previo al refuerzo (surge) de tropas solicitado por Petraeus y ordenado por el Presidente Bush y que nos condujo a la victoria. Pesimistas como Joe Biden, quien proponía dividir el país en tres, y Harry Reid y John Kerry decían que la guerra estaba perdida y que había que salir huyendo de Irak.

Ahora los mismos sospechosos de siempre, politicastros calculadores como Biden y Kerry, hoy, como entonces, vuelven a estar equivocados. El vicepresidente urge al Presidente a una retirada de Afganistán, lo que significaría, como decíamos, el desastre total y Obama parece estar siguiendo al pie de la letra la recomendación de Kerry acerca del gobierno de Karzai y trata de ganar tiempo mirando a las encuestas y no a lo que le conviene al país. Se comporta más como politicastro que como presidente, angustiado por la advertencia de Emanuel de que si va en búsqueda de la victoria, se convertirá en otro LBJ (Lyndon Johnson), y que Afganistán puede convertirse en el Viet-Nam de su presidencia... ¿y mientras? El tiempo pasa y con cada día el peligro aumenta y la seguridad de nuestros soldados en el frente de batalla es cada vez más precaria.

Es cierto que Irak y Afganistán son diferentes en muchos sentidos, pero el principio básico detrás de la estrategia que funcionó en Irak tiene todas las de ganar en Afganistán y merece ser aplicada. Lo que resulta inaceptable y altamente peligroso es la inacción, la paralización y la indecisión del Comandante en Jefe.

La principal lección que debemos aprender de Irak es que la seguridad viene primero y después el avance en la estructura política. La victoria en Irak nos enseña que el Presidente tiene ante sí una decisión políticamente impopular y costosa, igual que lo fue para Bush. Si quiere la victoria en Afganistán, tiene que estar dispuesto a un compromiso militar costoso y sostenido, o puede decidirse por la derrota y mostrarle al pueblo norteamericano su diploma y medalla de Premio Nobel de la Paz, que sería lo apropiado para el político de Chicago, pero no para el Comandante en Jefe de la nación todavía más poderosa del mundo.

Nobama
Nueva York, 12 de noviembre de 2009

lunes, 12 de octubre de 2009

Ser o no ser: Esa es la cuestión o
Barack Hussein Obama en su laberinto

Barack Hussein Obama fue coronado como Príncipe de la Paz por un Comité de Oslo, pero es el Presidente de un país en Guerra, amenazado por un enemigo cruel y traicionero, que no se deja convencer por sus extraordinarias dotes oratorias. Este Príncipe de la Paz, este Hamlet moderno, se debate ante una disyuntiva que exige decisiones precisas y que no admite juegos de palabras. Si responde como un verdadero Comandante en Jefe, perderá el apoyo de su base doméstica, la extrema izquierda y tendrá que gobernar desde el Centro y olvidarse de su agenda socialista (recordar a Clinton), si por el contrario decide lanzar los dados y apostar a la posibilidad de ganar con lo que proponen los que ya se equivocaron en Irak, o trata de convencer al Talibán y quizás hasta Al Qaeda que deben buscar una salida negociada. El peligro para nuestra Seguridad Nacional será de proporciones catastróficas.

Esta clara disyuntiva que tiene ante sí Barack Hussein Obama, está magistralmente argumentada por Chuck Krauthammer en el artículo que reproducimos a continuación. Y que quienes prefieran leer en inglés pueden hacerlo aquí.

Nobama
Nueva York, 12 de octubre de 2009


La agonía del joven Hamlet


Lo genial de la democracia es la alternancia en el poder, lo cual obliga a la oposición a comportarse seriamente, particularmente en cosas como la guerra. Asunto este en el que los demócratas han sido decididamente poco serios.

Cuando la guerra de Irak (a favor de la cual votaron la mayoría de los Senadores demócratas) empezó a tener problemas y las bajas aumentaron, los demócratas se guiaron por los vientos cambiantes de la opinión pública y se pusieron decididamente en contra de la guerra. Pero como necesitaban de una cobertura política a causa de su reputación de debilidad en la defensa nacional después de Vietnam, adoptaron Afganistán como su guerra predilecta.

“Yo formé parte de la campaña de John Kerry en 2004, la que elevó a la categoría de sabia opinión convencional demócrata, la idea de Afganistán como “la guerra correcta”, escribió el asesor demócrata Bob Shrum poco después de que el Presidente Obama fuera electo. “Esto era necesario como crítica a la Administración Bush, pero también era algo deliberado y a estas alturas puede que resulte hasta engañoso como política”.

Lo cual es una forma inteligente de decir que defender la victoria en Afganistán fue una medida artificial y falsa en la que los demócratas nunca creyeron seriamente, un conveniente garrote para golpear a George Bush con Irak y a la vez dar una imagen lo suficientemente belicista como para rechazar el estereotipo de blandos.

Diseñada cínica y brillantemente, la posición de que la “guerra de Irak era mala, y la guerra de Afganistán era buena” funcionó. Los Demócratas primero ganaron la mayoría en el Congreso y después la Casa Blanca. Pero ahora, lamentablemente, les toca gobernar. Se terminaron los juegos y los pretextos.

De manera que ¿qué hará ahora el comandante en jefe con la guerra que una vez declaró que había que ganar, pero que en forma casi criminal Bush no le había proporcionado los recursos necesarios?

¿Quizás proporcionar los recursos necesarios para ganarla?

Uno podría pensar que eso sería lo correcto. Y eso es exactamente lo que pedía el 30 de agosto el General designado directamente por Obama: un refuerzo (surge) de entre 30.000 y 40.000 soldados para estabilizar el progresivo deterioro de la situación y salvar Afganistán de la misma forma que un refuerzo militar similar logro salvar a Irak.

Eso sucedió ya hace más de cinco semanas y todavía no hay una respuesta. Obama se debate agónica y públicamente mientras el mundo lo observa. ¿Por qué? Porque, según explica el Asesor de Seguridad Nacional James Jones, “usted no compromete las tropas antes de decidir una estrategia”.

¿No hay una estrategia? El 27 de marzo, teniendo a su lado a los Secretarios de Defensa y Estado, el presidente dijo: “Hoy anuncio una nueva estrategia integral para Afganistán y Pakistán”. Y seguidamente detallaba una campaña de contrainsurgencia civil y militar para derrotar al Talibán en Afganistán.

Y para enfatizar lo serio de sus palabras, el Presidente dejó claro que no había llegado a esta decisión por casualidad. La nueva estrategia, declaró, “marca la conclusión de una cuidadosa revisión política”.

Conclusión, afirmó rotundamente. No el comienzo. No un proceso. La conclusión de una amplia revisión, aseguró a la nación el presidente. La cual incluía consultas con jefes militares y diplomáticos, con los gobiernos de Afganistán y Pakistán, con nuestros aliados de la OTAN y los miembros del Congreso.

El General al mando fue entonces sustituido con otro escogido por Obama, Stanley McChrystal. Y es McChrystal quien presentó la solicitud de 40.000 soldados, una solicitud a la que el presidente respondió con un silencio absoluto.

La Casa Blanca comenzó a filtrar una estrategia alternativa, al parecer propuesta (¿inventada?) por el Vicepresidente Biden para lograr la victoria impecable con el uso a distancia de misiles Crucero, aviones no tripulados Predator y operaciones especiales.

La ironía es que nadie sabe más acerca de este tipo de guerra que el general McChrystal. Él estuvo a cargo precisamente de este tipo de “contraterrorismo” en Irak durante casi cinco años, matando a miles de enemigos en operaciones discretas de un éxito considerable.

Cuando el mejor experto del mundo en este tipo de guerra contra el terrorismo recomienda precisamente la estrategia de contrainsurgencia contraria a la que propone Obama, es decir, un importante refuerzo de tropas para proteger a la población, usted tiene ante usted la más convincente argumentación contra el contraterrorismo, hecha por el hombre que más conoce sus logros y límitaciones potenciales. Y McChrystal fue enfático en su recomendación: “Optar por cualquier otra vía diferente a la contrainsurgencia significa perder la guerra”.

Sin embargo, su Comandante en Jefe, joven Hamlet, se agita, objeta, agoniza. Sus Asesores en política doméstica, encabezados por Rahm Emanuel, le dicen que si va en búsqueda de la victoria, se convertirá en otro LBJ (Lyndon Johnson), el visionario destruido por una guerra. Su vicepresidente se aferra a la quimera de un éxito indoloro del contraterrorismo.

Contra Emmanuel y Biden se manifiestan el General David Petraeus, el principal experto del mundo en contrainsurgencia (con ella salvó a Irak) y Stanley McChrystal, el experto más destacado del mundo en contraterrorismo. ¿En quién confiaría usted?

Hace menos de dos meses, el 17 de agosto, frente a un público compuesto por veteranos, el presidente declaró que Afganistán era “una guerra de necesidad”.

¿Quedó en pie algo de lo que dijo después que se apagaron los aplausos de esos veteranos?

(Traducción y revisión de Aaron Mayer y Diego Rodriguez-Arche)