jueves, 17 de diciembre de 2009

A Copenhagen


Barack Hussein Obama llegará mañana a Copenhagen, en medio de vivas y aplausos de la izquierda universal, ex roja y ahora verde, y con $100 mil millones (billones) de verdes en sus bolsillos, arrancados de nuestro sudor y aumentados en nuestra ya insostenible deuda pública, para repartirlos entre la cleptocracia y los dictadores de todo el mundo para con ello intentar sacar del atolladero a la olla de grillos en que se ha convertido la renombrada Conferencia de Copenhagen.

Obama volará esta noche a nuestras expensas hacia Dinamarca, dejando una profunda huella de dióxido de carbono, para unirse a esa selecta concurrencia de dictadores asesinos, sátrapas, falsarios, gobernantes mentirosos, aprovechados y delincuentes que componen la mayoría de los asistentes, para intentar asegurar un nuevo tratado internacional para combatir el llamado Calentamiento Global en esta prácticamente fracasada conferencia internacional auspiciada por esa entelequia corrupta e inutil que es la ONU. Su inspiradora presencia sólo durará unas pocas horas, pero ya sus ayudantes y corifeos de su enorme aparato propagandístico que es la llamada Gran Prensa Norteamericana, “calienta” a los presentes presentándolos como el Gran Líder que por fin ha sacado a los Estados Unidos de su indiferencia hacia el cambio climático para convertirlos en el abanderado principal en esa lucha.

Pero la sombra de su lamentable y fracasada anterior visita a esa ciudad hace que arriesgue una buena parte de su ya maltrecho capital político doméstico en esta visita. De ahí que nuestra lamentable Secretaria de Estado prepare el terreno para su llegada y reparta sobornos a diestra y siniestra para que la visita del Amado Gran Líder sea todo un éxito. Incluso se rumora que, además de nuestros dólares generosamente regalados por Obama, los Chinos se saldrán con la suya de no recibir verificación de sus promesas a cambio de que acepten las cifras de emisiones propuestas y que firmen el tratado.

En realidad, toda la discusión del Climategate y si hay o no Calentamiento Global y los astronómicos costos asociados con poner un límite a las emisiones de dióxido de carbono CO2, y todo lo que anteriormente decíamos no es lo más importante a partir de esta noche. Lo que realmente importa ahora es si Barack Hussein Obama terminará finalmente pisoteando el sistema constitucional norteamericano ante el mundo entero, sin siquiera sonrojarse, hablando figurativamente claro está, en lo del sonrojo.

Las preguntas que nos hacemos de un extremo al otro de la nación la mayoría de los norteamericanos son: ¿De qué lado se pondrá Obama? ¿Del lado del pueblo norteamericano y de la Constitución, o del lado de esa caterva de reunidos en Copenhagen en su mayoría dictadores, tiranos corruptos y jefes de gobierno nada democráticos? Ellos presionan para que Obama haga lo que en el fondo él realmente desea hacer y que casi seguro hará: ignorar la voluntad del pueblo norteamericano y firmar un vergonzoso e inconstitucional pacto político.
El Artículo 2, Sección 2 de la Contitución de los EE.UU. es claro como el agua: “Él [el Presidente] tendrá el Poder, a través de y con el Consejo y Consentimiento del Senado, para celebrar Tratados, siempre que dos tercios de los Senadores estén presentes”.

En 1997, el Senado de los Estados Unidos votó 95-0 para decirle al entonces Presidente Clinton, de que el Senado creía que los Estados Unidos no debían firmar ningún tratado internacional acerca del cambio climático que no obligara a todos los países a limitar sus emisiones o que de alguna forma resultara en graves daños para la economía de los Estados Unidos.

Sin embargo y, a pesar de ello, el entonces Vicepresidente Al Gore, firmó un acuerdo unos meses después que no cumplía con lo acordado por el Senado, por lo que sabiendo como votaría el Senado, Clinton ni siquiera se molestó en someter el llamado acuerdo de Kyoto a la consideración de los legisladores, porque habría estado muerto antes de llegar y Clinton, en forma alguna estaba interesado en sufrir una embarazosa derrota política.

Doce años después la cosa se cocina nuevamente, esta vez en Copenhagen, pero los ingredientes en la olla y nuestra Constitución son los mismos. En lugar de votar por un proyecto de Ley, el Senado está paralizado en el esfuerzo de los Comisarios Verdes de que se apruebe una ley vinculante que ponga un límite (cap) y negocie (trade) las emisiones de dióxido de carbono, según las líneas que Obama, Pelosi y los reunidos en Copenhagen desean que adopte el Senado. Aunque hoy la situación en la cámara alta no es de un voto de 95-0, el mensaje es el mismo: del Senado no saldrá ninguna Ley Cap & Trade, ni como Ley ordinaria, ni como parte de un acuerdo internacional que requeriría la aprobación de 2/3 de los Senadores.

En Nobama apostamos a que, igual que Gore, Obama firmará el acuerdo, cualesquiera que este sea, con gran fanfarria, como es usual en él, y recibirá los elogios y la adulación de delegados de todo el mundo, sólo para regresar a casa a que le recuerden que esa firma, sin la aprobación del Senado, hace del tratado un papel mojado sin valor alguno. Pero será entonces que los “augustos” senadores recibirán la arrogante respuesta del Gran Timonel: Los principios constitucionales que regían a Gore y a Clinton in 1997 y que gobiernan a este país desde su fundación hace más de 200 años, hoy en 2009 no tienen aplicación ni fuerza sobre él, el Líder Supremo del Hope & Change.

¿Cómo es posible?

Parece que Obama, al igual que otros hombres fuertes anteriores y actuales, un graduado de la escuela de leyes de Harvard y ex profesor ayudante de derecho constitucional en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chicago, descubrió una interpretación de nuestra Constitución que se le escapó durante más de 200 años a ciudadanos, abogados y jueces antes que él.


El punto de vista del Sabio Gran Líder es que la Agencia de Protección para el Medio Ambiente (EPA), una agencia de la rama ejecutiva del gobierno, tiene el poder regulador para imponer, unilateralmente, un sistema de impuestos que el Congreso, hasta el presente, ha rechazado y como según establece la Constitución sólo el Congreso puede establecer, reducir o eliminar impuestos federales, parece avecinarse un enfrentamiento constitucional entre las dos ramas gubernamentales que, seguramente, terminará en la Corte Suprema de Justicia, si la Rama Ejecutiva, ditto, Obama a su regreso de Copenhagen con un tratado firmado, insiste en implementar lo que la rama legislativa hasta el momento se ha negado a aprobar.

Esta es hasta el momento la más curiosa interpretación de la Constitución desde que Nixon, dijera que “si el Presidente dice que es legal, pues es legal”.

¿Qué vendrá después?

¿Acaso que la Secretaria de Salud decide que el debate del ObamaCare en el Senado se ha hecho muy aburrido y cansón y, que por lo tanto ella reclama el mismo poder de la EPA para su secretaría y aplicar así la llamada Reforma de la Salud porque no hacerlo sería dañino para el bienestar y la salud de los norteamericanos?

Esta arrogante y unilateral apropiación ilegal del poder absoluto por parte de la Rama Ejecutiva en sincronía con la Conferencia de Copenhagen es simplemente ultrajante y una muestra palpable del autoritarismo dictatorial por el que se enrumba toda la política de Barack Hussein Obama.

Lo que el Gran Timonel pretende es la imposición de un impuesto unilateral de $645 mil millones (billones) para un sistema de Cap & Trade que contenga los niveles de emisión que el estime adecuados y considera que la rama ejecutiva; es decir, él tiene el poder de circunvalar al Poder Legislativo imponer esos impuestos simplemente porque esa es su voluntad y ya. A esto es a lo que se le llama “taxation without representation” (cobro de impuestos sin representación).

La última persona que se atrevió a imponerle a los norteamericanos un sistema así, fue el Rey George III de Inglaterra, quien intentó implantar ese sistema sobre el té sin el consentimiento del pueblo, quienes vestidos como los Indios botaron una enorme cantidad del Té del Rey en el Puerto de Boston en 1793. Dos años después estalló la guerra contra la tiranía inglesa que no paró hasta obtener la independencia de las 13 colonias y la fundación de esta, nuestra querida y gran nación, que Dios bendiga por siempre.

Barack Hussein Obama no debía olvidar esta lección de la historia ni pensar que nosotros, los ciudadanos libres, somos sus vasallos.

Nobama
Nueva York, 17 de diciembre de 2009

2 comentarios:

Reflexiones de Chocolatico Pérez dijo...

Muy emotivo y profundo análisis. Por fin quedará claro por qué quería la restitución de Zelaya, sin tener en cuenta que éste había violado la Constitución, porque él haría lo mismo.
El, BHO, se va a Copenhagen, pero sus manipuladores, quedan en casa, esta es otra razón más para salir de este Presidente, es un Mugneco, a él lo dirigen, eso lo pone por debajo inclusive de la caterva de dictadores allí reunidos.

Que Dios bendigue a América, como todo parece indicar y Ud. bien explica, de lo que se trata es de su Libertad.

palacio dijo...

Las olas que obama hace ya no rompen muros,la gente sabe que en usa un jues federal tiene mas poder que el presidente,obama segun dicen se desquitara porque no le dieron los juegos olimpicos y metera su retorica pastoral hablara a las masas, las cuales aplaudiran como asnos principalmente las africanas y prometera un mundo verde pero de dolares......