
Nobama fue testigo de la agresión de la que fueron objeto los partidarios de McCain que se atrevieron a desfilar en Nueva York. Esto es algo que antes de la llegada del “ungido” jamás se había visto en la Gran Manzana. Nos recordó de inmediato a las turbas que gritaban “Paredón” y “Que se vaya la escoria”. Lo demás lo narra con precisión la columnista Michelle Malkin en este excelente artículo publicado en Libertad Digital.
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