lunes, 16 de febrero de 2009

LA VOZ DEL SILENCIO O CON UNA SOLA VOZ: ¡LA DEL MESÍAS!


Nuestro sistema democrático, especialmente el Norteamericano, es la fórmula más eficiente conocida para respetar los derechos de los ciudadanos y limitar el poder del Estado. Precisamente por ello, la perversión de la democracia no comienza, por ejemplo, cuando se suspenden los comicios electorales. Esa es una consecuencia y la señal más visible del avance de un proceso desarrollado desde adentro, que socava las instituciones y se aprovecha de los mismos principios del sistema. Cuando la sociedad llega a esa etapa ya es poco lo que podemos hacer, por eso los demócratas verdaderos debemos estar atentos a la menor señal de que algo no anda bien. Como cuando el equilibrio de poderes se finiquita en beneficio del ejecutivo y los burócratas comienzan a emplear las instituciones no para defender, sino para subvertir, por ejemplo, los fundamentos de la base económica y los derechos individuales. Por eso es que la cancelación de las elecciones suele ser el paso final en la transición hacia una dictadura y se produce sólo cuando el resto de las instituciones están ya corruptas. Pero para llegar a ese punto hay todo un proceso que comienza con la modificación de las leyes que garantizan esas libertades y el dominio de todas las ramas que componen el Gobierno.

Dicho de otra manera, los Demócratas comienzan ya, como hizo Chávez en su momento, a emplear y manejar las instituciones del Estado para perseguir a sus oponentes y adversarios. La feroz campaña desatada contra Rush Limbaugh, cuya señal de inicio la dio el mismo Presidente Obama cuando se reunió con los líderes del Congreso antes de la votación de la Ley de la “MegaGrasa” y les dijo: “Ustedes no pueden estar oyendo a Rush Limbaugh y lograr llevar a cabo algo”, nos indica que están bien encaminados en sus propósitos, porque con parte de la prensa fuera de lo que Bernie Goldberg califica en su libro como Un baboso romance: La verdadera y patética historia del tórrido romance entre Barack Obama y la Gran Prensa norteamericana”, necesitan una sola voz en los medios para poder avanzar en el camino de la perpetuación en el poder: La voz del Mesías. Si observamos la historia, veremos que las figuras mesiánicas son condición sine qua non para las dictaduras totalitarias.

Es por eso que ahora, después de la aprobación de la Ley de la “MegaGrasa”; piedra angular del cambio hacia una economía estatista, los Demócratas se disponen a regular el discurso político que no les agrada. Razón por la que ya están acelerando la resurrección de la llamada Doctrina de la Equidad (Fairness Doctrine) en la información.

Creada en 1949, la doctrina exige que los emisores de radio y TV (entonces una cantidad relativamente pequeña) presenten puntos de vista equilibrados en los asuntos que traten. A petición del Presidente Reagan, la FCC (Comisión Federal de Comunicaciones) la derogó en 1987, porque encontró que el amplio espectro de expansión de los medios 40 años después, permitía una suficiente competencia de las ideas.

Pero entonces sucedió algo muy “extraño”: La radio con comentaristas conservadores floreció, mientras que la radio con comentaristas de izquierda, se mantuvo casi igual y en muchos casos fracasó.

Las emisoras izquierdistas como la National Public Radio (NPR) utilizan dinero procedente de los impuestos para comprar sus espacios en el mercado de las ideas; pero las empresas comerciales, como no tienen anunciantes debido a sus bajos ratings, al poco tiempo de establecerse se ven obligadas a salir del mercado. Para los Demócratas esta situación les ofrece una oportunidad que no pueden permitirse dejar pasar; mucho menos ahora que dominan el Congreso y la Casa Blanca, dos de las tres ramas que componen el Gobierno.

Así, las estaciones de radio comercialmente exitosas que sean forzadas a “equilibrar” su programación tendrán que transmitir horas de comentaristas de izquierda, quienes debido a su falta de oyentes, traerán menos anunciantes, lo que creará grandes agujeros en los ingresos de la estación y desincentivará seriamente el presentar comentarios de cualquier tipo. Algo que a personajes como el ex Presidente Bill Clinton les parece excelente: “Bueno, o implantamos la Doctrina de la equidad o deberíamos exigir más equilibrio en el lado contrario”, dijo el marido de Hillary a principios de la semana pasada.

Claro que si tenemos en cuenta cómo Rush Limbaugh estuvo durante años dándose banquete con el escándalo de Monica Lewinsky, es comprensible que Clinton no pueda perdonarle sus opiniones. Pero desde el punto de vista de la Libertad de Expresión y de lo que establece la 1ra Enmienda de la Constitución, no podría estar más equivocado.

Como me dice un colega: “es delicioso sólo pensar que la izquierdista NPR se vea obligada a otorgar algunas horas al día a gente como Michael Savage y Ann Coulter”. Pero eso no lo veremos, porque para que sucediera tendría que existir fair game de parte de los Demócratas y todo el propósito de la Doctrina es justamente lo opuesto.

Muchos dirán que, en un mundo lleno de estaciones por cable, de estaciones radiales por satélite y en Internet presentando sus propias emisiones radiales y de vídeo, los blogs e incontables sitios Web de todas las tendencias, la idea de que el Gobierno deba o hasta pueda, implantar tal equilibrio es como para lanzarles una carcajada en la cara. Sucede que no conocen cómo funciona la izquierda cuando tiene el poder: no está dispuesta a cederlo y quiere perpetuarse en él para llevar a cabo su agenda socialista. Por eso el problema de la izquierda no es con el emisor, sino con el mensaje.

En nuestra nación existe un documento político que garantiza que los ciudadanos puedan recibir todo tipo de mensaje político, por lo que la imposición de una llamada Doctrina de “equidad”, resulta doblemente ofensiva. Nuestra Constitución, la que nos dieron los Padres Fundadores, cuenta con la Ley de Derechos (The Bill of Rights) que contiene las Enmiendas a ese documento. La primera de esas enmiendas expresa: “El Congreso no aprobará ninguna ley con respecto al establecimiento de religión alguna, o que prohíba el libre ejercicio de la misma o que coarte la libertad de palabra o de prensa; o el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y a solicitar del Gobierno la reparación de agravios”.

Eso debía ser suficiente para terminar el asunto. Pero conociendo a la izquierda como la conozco, dudo que así sea. Simplemente este es el primer intento serio del Cambio, según lo aprendió Obama de Saul Alinsky; de acabar con las voces disidentes. Por lo que se acerca una batalla muy compleja. No se llamen a engaño: ¡Esta gente quiere perpetuarse en el poder! La filosofía de Obama es limpiar el campo de juego, no nivelarlo. Simplemente eliminar del mismo a todo aquél que se interponga a sus planes y esa es la campaña que iniciará a continuación el Congreso Demócrata y lo hará, como es su costumbre, de forma deshonesta.

Veremos además de la campaña contra Rush Limbaugh, campañas contra Sean Hannity, Laura Ingram y muchos más. De hecho ya comenzó una de recogida de firmas contra Limbaugh, para ir calentando el ambiente. Después vendrán las campañas estalinistas tipo Cuba, en los inicios del Castrismo y más recientemente en Venezuela, contra la Prensa que no se someta. Para ellos La voz del silencio. Para los corifeos y Nosotros el pueblo una sola voz: ¡La del Mesías!

Diego Rodriguez-Arche
Nueva york, 15 de febrero de 2009

3 comentarios:

Jorge A. Pomar dijo...

Cuánta razón te asiste, Nobama. Espero, sin embargo, que la insistencia en defender las libertades no equivalga a arar en el mar también en Estados Unidos. Confío en las reservas éticas del americano medio.

Por cierto, ¿viste a Burris y su abogado trastabillar durante la conferencia de prensa sobre el perjurio del senador ante el Congreso estadual? No tiene desperdicios...

Un abrazo desde Colonia,

El Abicú

Isis dijo...

Muy bueno.
Por cierto, no conocía esa frase del Mesías, la del "reino en la tierra".

Diego Rodriguez-Arche dijo...

Estimado Abicú:
Nunca antes he querido tanto estar equivocado, pero cada día que pasa me hace pensar que no lo estoy. Como en el título de esa famosa película de Fasbinder: El miedo devora el alma. Y eso es lo que está pasando aquí. Un presidente que lejos de darle tranquilidad y confianza a la población, la asusta hasta la muerte. Y lo triste es que su conducta es coherente con su propósito. Sin el miedo no lograría sus objetivos. Por otra parte, tienes razón en tener cierta esperanza en las reservas éticas del norteamericano medio como le llamas. En el Heartland está nuestra salvación, pero para ello el Partido Republicano tiene que regresar a sus raíces y recuperar la confianza de su base natural, hay algunas señales estimulantes, pero las figuras son las mismas. Sólo reduciendo las mayorías demócratas en el Congreso podremos frenar la agenda de Obama. Lo de Burris es una muestra clásica del Chicago Way, del que salió nuestro flamante Presidente.

Estimada Isis:
Hay tanto que no se conoce de este falso Mesías.
Saludos a los dos,
Diego Rodriguez-Arche